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14 Septiembre del 2024 - Sesión en la Casa Memoria de Suba

  • costurerocarcelari
  • 4 oct 2024
  • 4 Min. de lectura


La Casa Memoria de Suba se encuentra en el barrio La Gaitana, muy cerca del humedal Juan Amarillo y apenas a unas cuantas cuadras de donde pasará la Avenida Longitudinal de Occidente. En mitad de la gran ciudad urbanizada de Suba, la Casa ha sido el resultado de un profundo proceso de transformación urbana, en el que la juventud organizada alcanzó un acuerdo con la Alcaldía Local para administrar y gestionar ese lugar. En sí misma, la Casa es un retazo de las experiencias de lucha de la juventud del barrio, que ha vivido la victimización, la exclusión y -ahora- la expulsión de los espacios en los que ha habitado. Dentro de la casa se encuentra un extenso museo de distintas memorias dolorosas: los murales son retratos de jóvenes que fallecieron en diferentes protestas, los escaparates están llenos de los casquillos de balas y esos recipientes metálicos de las aturdidoras. También se ven los escudos, cascos y demás herramientas con las que se montaban las barricadas y se defendían de las constantes oleadas de ese algo que es mucho más profundo que la violencia. 


Quien nos recibió hace parte del grupo de jóvenes que lideran la Casa. Él ha estado organizado desde hace muchos años, y tiene una particular fascinación por los procesos de memoria que se han generado en la revitalización del cabildo muisca en la localidad. La reconstrucción de esa lucha intergeneracional ha sido un espacio de eco de los reclamos de la juventud trabajadora de esos barrios, y la confluencia entre unos y otros procesos -incluso de aquellos que trabajan en la protección del humedal- dan cuenta de un importante movimiento social que trastoca diferentes geografías en la localidad. Suba es, particularmente, de las localidades más densamente pobladas de la ciudad, pero a su vez de las más extensas. Esa condición hace que todas las distancias se sientan inmensas, aún cuando no sea una separación tan importante. Por lo mismo, la cartografía de quienes habitan los barrios también determina muchas de sus orientaciones sobre el trabajo colectivo: la cercanía con los humedales, con la intervención sobre la ALO, con la Conejera, el rió, y Colina deviene una particular territorialización de las demandas de los movimientos sociales, que a su vez recoge unos elementos generales como el la vivienda, la urbanización y el habitar la localidad, que buscamos entretejer en el diálogo durante la sesión de tejido


Dentro del museo hay un escudo rescatado de esas Primeras Líneas, en el que junto a sus agarraderas su dueño inscribió: 


“Dios, hazme invisible”. 


En retrospectiva, escribir de modo que la letra se oculta a los ojos significa que es una escritura reservada a quien porta la herramienta. Accedo a ella en la medida que mis manos se aferran al escudo y mi cabeza se agacha dentro de él para protegerme. De ese modo mis ojos quedan delante de una pequeña letra blanca con la que suplico protección; la palabra, entonces, se convierte en oración. 


He insistido en que al analizar subjetivamente los movimientos sociales observamos que estos emergen de prácticas que son repetidas colectivamente hasta que se convierten en ritos en sí mismos. En el caso de la acción directa, estar al frente implica recibir el calor de una fuerza que no siempre entendemos de dónde nace. En otros repertorios, esa inspiración adquiere casi que un sentido inmanente, pero no es tan relevante como en los casos de acción directa: allí se entiende el sentido de ese calor de la movilización, se entiende realmente que no es una inspiración o imaginación, sino la adaptación de medidas, formas, mecanismos, herramientas, estrategias y demás que han permitido la supervivencia de la acción colectiva. Inscribir en el material que usas para protegerte (en un escudo, en un tela, en tu ropa) no es sino el resultado de una adaptación dolorosa al hecho que la violencia trastoca a los cuerpos que protestan y que por eso mismo estamos a merced de mecanismos que -en última instancia- suponen la destrucción de afectos y la erradicación de los cuerpos. Lo interesante ocurre cuando observamos que esos trazos sobre el material también adquieren un sentido más allá de la protección física a la violencia: se convierten en recipientes de sentido, de imágenes, de lenguajes fraternales y energizantes. Lo material en el mundo de la acción colectiva adquiere un rol tan complejo como las señas ritualísticas de cualquier comunidad. En un sentido antropológico, lo anterior adquiere una hermosa complejidad, pues nos empuja a valorar -en un doble sentido- lo que nos dice el material y el material en sí mismo. 


Ese doble sentido es el resultado de la serie de afectos que se generan en las movilizaciones. Podemos inducir, de esa breve oración, que hay una evidente reflexión espiritual, pero ella no niega la posición que ocupa quien sostiene el escudo en una protesta. Eso significa que la persona, sin renunciar a su escudo ni al rol que le otorga el estar delante de una movilización, se resguarda de la forma más evidente: ser invisible, en esencia, es estar más allá del alcance de la violencia, es saberse inerte a los gases, las balas, los golpes, la fuerza en sí misma, pues deseamos estar lejos ellos. Evidentemente, una oración tiene un sentido social de encomendación ante lo incierto, y por eso el valor ritual vuelve sobre el material: un escudo no deja de ser escudo. 


A partir de ello, podemos desarrollar que las muescas en la tela inscriben semejantemente un sentido ritualístico. Nosotros, en una mezcla de intuición y prognosis, escogemos colores, texturas y formas, que se convierten en el lenguaje de aguja e hilo. Al transformar el material en algo nuevo, le damos un significado que no siempre observamos, pero que convertimos en comunicación. El rito, tanto del hacer como de lo hecho, supone esa relación entre lo que nos dice el material y el material en sí mismo. En el tejido también ocurre la producción de nuevos significantes, que en nuestra sesión (interesantemente, no lo pensamos de este modo en la planeación original pero tuvo un resultado relevante para lo observado) permitían ser unidos (cocidos) de modo que representaran un tejido en el que cubrirnos y protegernos.



 
 
 

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