Cuarta reflexión – 28 de septiembre. Museo de la Ciudad Autoconstruida, Ciudad Bolívar
- costurerocarcelari
- 4 oct 2024
- 2 Min. de lectura

La sesión estaba dispuesta para ser un espacio movido, pesado y atravesador emocionalmente; hablamos del exterminio (o mal llamada limpieza social) a partir del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica. La limpieza social es un accionar que poco hemos considerado en este estudio que cuenta con la participación de su mayor grupo victimizado: la juventud. El informe es claro con la sistematicidad del fenómeno en sus primeras páginas. Quiero recuperar varias ideas clave:
La limpieza social cuenta con una legitimación y una complicidad inmensa por parte de los habitantes de la localidad. Esta complicidad desde la legitimación simbólica o verbal hasta la práctica de algo llamado “observación no violenta”, es decir, el pago a habitantes de la localidad para observar y reportar “desviaciones”.
La “gramática del aniquilamiento” y un estudio de gramática corporal que busca comprender el mensaje que se deja con la disposición de los cuerpos en el espacio público.
Los ejercicios de resistencia ante estsos sucesos, algo tan simple como el trabajo de las mujeres en Ciudad Bolívar que, ante la constancia y cantidad de NNs en las calles, dejaban escrito el nombre de la persona al lado de su cuerpo. En este momento de la sesión ubo algo que pensé y no comenté: la cercanía que debían tener las mujeres con los y las jóvenes, sus familiares o comunidad, para conocer su nombre.
Las bufandas que definían cuando un joven se había unido a algún grupo paramilitar. Esta anécdota surgió como recuerdo de habitar la localidad en la infancia.
Este último punto me impactó mucho. Hace meses, en las primeras sesiones del costurero, habíamos hablado de la capacidad de las pañoletas verdes y moradas como materialidad y simbolismo de una “manada”; la manada feminista, la complicidad en la lucha, el símbolo de pertenencia.
Esta misma metáfora y simbología aplicada a la materialidad textil de las políticas de muerte me impacta y atraviesa a niveles incomunicables verbalmente y sobretodo plasma otro panorama de la memoria sensorial textil. Burdo, crudo, pero presente: la materialidad textil de las políticas de muerte.
Sin embargo, lo que también florece: plasmar en el mapa la forma en que este fenómeno les ha afectado, afecto que ha llevado a la acción, y a plasmar en el bordado, los procesos organizativos y de resistencia local y afectiva a los que pertenecen. La memoria sensorial de la juntanza que excede las políticas de muerte y puede plasmarse en vivos colores y formas que harán parte material de nuestro mapa de Bogotá en constante construcción.



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