Tercera reflexión – 21 de septiembre. Biblioteca Comunitaria El Gavilán Sabanero, Fontibón
- costurerocarcelari
- 4 oct 2024
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La bordadora, por el contrario, comienza con trazos sobre una superficie, la de las páginas de su libro de patrones, pero a lo largo de su actividad con la aguja traduce esos trazos en hilos. Es más, haciéndolo logra hacer desaparecer la superficie del paño. Cuando nos fijamos en el vestido bordado vemos que las líneas son hilos, no trazos; casi como si el vestido mismo se hubiera vuelto transparente. «De hecho, un bordado es», como dice Semper, «una especie de mosaico de hilos» (1989: 228). P. 81
Para una sesión enfocada en el cuidado sucedieron varias cosas interesantes. Primero, trabajamos con muchas niñas y niños, de todas las edades. Fue un reto, pues nunca nos habíamos visto en la situación de tener que enseñar desde un inicio tan… inicio. Explicarle a lxs más peques la forma en que la puntada se vuelve trazo fue una tarea casi que imposible. Se les acababa el hilo rápidamente porque hacían puntadas muy largas tratando de seguir la instrucción. Luego de una hora de ajetreo V. propuso una idea brillante: pedirle a las niñas y niños que dibujaran primero lo que querían plasmar en la pañoleta.
La pregunta que guio las intervenciones fue: ¿Qué les hace sentir cuidadxs?
Para las niñas y niños la respuesta estaba completamente ligada a su familia y sus mamás. Las pañoletas estaban llenas de nombres e iniciales de núcleos familiares particulares; la mayoría de las personas habían migrado a Bogotá estableciendo su familia en el barrio.
Hubo una forma peculiar en que puntada y trazo se juntaron, como siempre alude Tim Ingold. Una de las participantes, una niña de 6 años particularmente entusiasmada con la actividad me dijo que la forma en que se sentía cuidada era cuando su mamá le daba el remedio. Dibujó una cuchara y una botella de remedio y sólo cuando el trazo fue introducido en la creación, ella pudo hacer la puntada que yo llevaba, al menos unas dos horas, tratando de mostrarle.
A veces la innovación y el acto torsionante no está en los resultados de la creación del Costurero sino en el lugar y con las personas que suceden. El hecho de que un espacio dedicado al bordado y la creación artística se den en un espacio como este (un barrio atravesado por el consumo y tráfico de drogas, toda la hostilidad que rodea esto y la presencia constante de la policía), con personas como las participantes, habla por sí mismo de lo que hemos llamado la disposición estética: una disposición ligada a la transformación material en un orden sensible diferente; más que los resultados evidenciados -pues la relación entre núcleo familiar, vida íntima y cuidado está más que clara en el relacionamiento moderno-, en este caso lo fundamental radica en los sucesos que componen el proceso creativo. Así sucedió, por ejemplo, cuando una mamá me pidió que cuidara a su bebé de 3 meses para poder hacer su parte en la actividad propuesta; la forma en que este suceso termina sacando el dechado de experiencias de vida personales, mías, nuestras, como la recopilación de canciones de cuna que realicé para cantarle a la bebé, las mismas canciones que durante 8 meses le he cantado yo a mis hermanos bebés.



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