7 Septiembre del 2024 - Sesión en librería La Valija de Fuego en Chapinero
- costurerocarcelari
- 4 oct 2024
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El día de hoy tuvimos la primera sesión oficial de este nuevo ciclo del Costurero. En primer lugar, creo que hubo una buena recepción de la discusión, pues la mayoría de los asistentes provenía de espacios de participación y militancia. Creo que, de hecho, la diferencia entre esas dos concepciones de los movimientos sociales (participación y militancia) fue bastante tangible en las discusiones y argumentos que los participantes emplearon, pues se observaba la diferencia de la formación política entre estos. No considero que sea uno mejor que otro, pero lo noto como una noción particular que permite entender -histórica y territorialmente- los elementos mismos de la acción colectiva.
En ese sentido, también resalto que hayamos podido articular las ideas principales de memoria y protesta. En realidad, he podido observar que las dos temáticas abren el campo de acción hacías nuevas realidades que no sólo nos limitan a lo que ya hemos estudiado; estas categorías son grandes excusas que permiten adentrarse en temáticas más particulares a la acción colectiva (subjetividad, símbolos, realidades, imagenes, heterologías) y que otorgan nuevos elementos a la teorización del trabajo. Por eso mismo, me parece también deducible que un camino en el que se puede dirigir la creación es hacia el entendimiento de las sensibilidades que se dan dentro de los movimientos sociales, de modo que se narre una antología o etnología de la acción colectiva. En esta sesión, aún cuando abstraemos las experiencias personales de cada participante, también pudimos observar la intención y razón de los participantes en llevar X o Y prenda; es decir, el sentido en que se interviene una prenda, más allá de la misma imagen que es intervenida, marca un elemento importante para entender el origen de la acción colectiva.
Muchas veces los participantes mencionaron que intervenían las prendas que trajeron porque querían hacer algo lindo o cambiar el significado que tenían. Las prendas era más que todo bolsos y chaquetas - inductivamente es interesante observar cómo esas son prendas que se portan, que representan una distinción frente a prendas que se visten. Esto en un sentido sociológico busca traducir la idea que lo que se interviene es un elemento transitorio dentro de la performancia del agente; justamente, una de las asociaciones usuales que se mencionó en la sesión es que esas prendas recuerdan a las protestas porque eran las prendas que se llevaban allí. Es decir, las pañoletas, los sacos, las gorras, las chaquetas, los bolsos, etc. eran denominados para ese hecho social, lo cual aglutina una imagen en la subjetividad de la acción colectiva.
Por otro lado, al observar las prendas que se visten, podemos observar que estas constituyen una parte de la intimidad en la performancia del agente. Las camisas, los pantalones, los zapatos, etc. no son observados como parte del ritual de asistir a una manifestación, a pesar que estos bien sean gran parte de la protesta. Es decir, las imágenes que constituyen la subjetividad del movimiento social describen una forma de performancia concreta, que involucra una serie de hitos y rituales como el portar cierta ropa. Ahora bien, los elementos propios de la violencia y la persecución descubren este elemento de performatividad (“me raparon mi chaqueta, me quitaron la pañoleta, me sacaron la capucha”), y lo transforman en un sentido íntimo. Es interesante observar que, en otros casos que hemos conocido, esa ropa que se viste es intervenida a través de la detención, es decir, la criminalización irrumpe con lo más íntimo de la performatividad de la acción colectiva; mientras que la ropa que se porta es decomisada, raptada, extraída de la agencia.
Por eso el ejercicio volvía sobre sí para hablar de re-significar. Las imágenes que constituyen nuestra subjetividad son confusas, pues a través de estas encontramos asociaciones a los ritos, sentidos, símbolos, emociones y afectos que configuraron nuestra experiencia en el movimiento social. La chaqueta que uso cuando marcho me recuerda a las primeras veces que salí, a las primeras arengas que me aprendí, a mis amigos marchando y gritando, pero también me recuerda cuando se mojaba por el agua que salía de la tanqueta, o cuando tenía que usarla como capucha, o cuando me recubría la cara para no comerme el gas. Eso, en sí mismo, constituye una heterología de la acción colectiva (y elementos) que usualmente no rastreo en el estudio de los movimientos sociales. Al detenernos primero en una mirada sociológica observamos la articulación de una sensibilidad, que define unos parámetros y criterios para la performatividad; luego, al observar de forma teórica, encontramos nuevos elementos que constituyen la visión heterológica de la acción colectiva, en la que confluyen afectos, emociones, símbolos, recuerdos y memorias contradictorios, complejos, y que por eso mismo profundizan en el efecto transformador de la acción colectiva.
La acción colectiva es un proceso violento, porque supone la transformación de lo sensible, lo enunciable y lo posible a través de acciones dispuestas por corporalidades organizadas. Es decir, -literalmente- el calor de la movilización conduce al forjamiento de una nueva realidad, que sólo puede ser entendible en tanto muchas corporalidades (realidades, sentimientos, emociones, ritos, tradiciones, lenguajes, actitudes, prácticas) coinciden. El nacimiento de esa nueva realidad es el reflejo de una subjetividad que se nutre de las corporalidades como elementos constituyentes, y termina por constituirse como una heterología filosófica y sensible.
Si bien nuestra instrucción fue “intervengan prendas”, la conducción del ejercicio devino -casi intuitivamente- hacia reflejar otras imágenes sobre lo performativo. Resignificamos porque construimos nuevos afectos, y en ese principio, el textil -otra vez, literalmente- abre una zanja en la memoria, en el material, en la acción.




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